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Manual del cultivo de la berenjena. 2ª parte



La plantación de berenjena en invernadero se lleva a cabo con plántulas procedentes de semillero.

Esta labor debe realizarse a primeras horas de la mañana o últimas horas de la tarde, para que la planta no se vea afectada por las altas temperaturas y la escasa humedad.

El trasplante al terreno definitivo tiene lugar a los 45-50 días tras la siembra en semillero, cuando la planta tiene de 4-6 hojas verdaderas y unos 10-12 cm de altura.

Para el trasplante, se abren los hoyos y una vez colocado el cepellón se cubre de tierra y se da un riego que afiance las plantas y facilite su arraigo.

El marco de plantación se establece en función de la variedad cultivada, del sistema de cultivo (aire libre o invernadero), del ciclo de cultivo y del número de brazos a dejar en la poda de formación. 

Los marcos más usuales para plantaciones en invernadero son los siguientes:

Para poda a 4 brazos: 2 m x 0,5 m, 1,75 m x 0,5 m y 1,5 m x 0,75 m.
Para poda a 3 brazos: 1,75 m x 0,5 m y 1,5 m x 0,5 m.
Para poda a 2 brazos: 1 m x 0,5 m.

Aproximadamente a los 20-25 días después del trasplante se realiza el aporcado, que consiste en cubrir con tierra la parte baja del tronco de la planta para favorecer así la emisión de raíces y reforzar la base de la misma.

En cultivo protegido, el aporte de agua y nutrientes se realiza de forma generalizada mediante riego por goteo y estará en función del estado fenológico de la planta.

Una vez arraigada la planta y hasta el cuajado de los primeros frutos, los riegos se distanciarán lo máximo posible, con el fin de favorecer que el sistema radical explore el suelo en profundidad y procurar que el desarrollo vegetativo no sea muy rápido, ya que un desarrollo exuberante traería consigo dificultades en la floración y fecundación de las flores.

Aproximadamente a los 40-50 días tras el trasplante, tiene lugar la poda de formación, ésta se lleva a cabo para delimitar el número de tallos con los que se desarrollará la planta, normalmente 2, 3 ó 4. 

El número de brazos se elegirá en función del marco de plantación.

Esta labor es necesaria para conseguir mayor precocidad y mejor calidad, mejorando las condiciones de aireación y luminosidad de la planta.

El ““entutorado““ mantiene la planta erguida, mejorando así la aireación general de la planta, favoreciendo el aprovechamiento de la radiación y la realización de las labores culturales. La sujeción suele realizarse con hilo de polipropileno sujeto de un extremo a la zona basal de la planta y de otro, a un alambre o emparrillado situado aproximadamente a 2 m del suelo. Sobre este hilo se va liando la planta conforme ésta va creciendo.

Otra labor importante es el deshojado, esta labor consisten en quitar las hojas que se insertan por debajo de la ““cruz““ así como las hojas senescentes, con el fin de facilitar la aireación y mejorar el color de los frutos. Esta labor debe realizarse bajo condiciones de baja humedad ambiental y con plantas secas para evitar la proliferación de enfermedades fúngicas.

También es necesario realizar un aclareo de frutos, eliminando todos aquellos frutos deformados o dañados por plagas o enfermedades.

Normalmente la primera inflorescencia aparece en la ““cruz““ de la planta (vértice de la primera bifurcación o tallo principal de la planta), aproximadamente a los 25-30 días tras el trasplante.

El nivel de autogamia de la berenjena es bajo, de manera que cuando no hay polinizadores la fructificación es escasa y aparecen frutos con pocas semillas y deformes.

Para evitar esto y mejorar la polinización, se emplean colmenas de abejorros (Bombus Terrestris), logrando así un mejor contacto entre el estigma y los estambres de las flores.

Hay que tener en cuenta que el exceso de humedad perjudica la dehiscencia del polen, por lo que la flor puede caerse como consecuencia de la falta de fecundación.

Tras la fecundación de la flor, comienza a desarrollarse el ovario, transformándose en fruto. A partir de este momento y conforme avanza el cultivo, las necesidades de agua de la plantan aumenta y el riego debe ajustarse a la demanda del cultivo según la evapotranspiración del mismo.

En cuanto a la nutrición, hay que cuidar la fertilización nitrogenada con el fin de evitar un excesivo desarrollo vegetativo.

El aporte de microelementos, que años atrás se había descuidado en gran medida, resulta también vital para una nutrición adecuada.
En caso de carencias puntuales, existe en el mercado numerosos correctores que pueden aplicarse vía foliar o riego por goteo, aminoácidos de uso preventivo y curativo, que ayudan a la planta en momentos críticos de su desarrollo o bajo condiciones ambientales desfavorables.

También existen otros productos como los ácidos húmicos y fúlvicos, los correctores salinos, etc., que mejoran las condiciones del medio y facilitan la asimilación de nutrientes por la planta.

Entre la principales plagas que afectan a la berenjena podemos encontrar la mosca blanca (Bemisia tabaci) y el trips (Frankliniela occidentalis).

Para el control biológico de estas plagas se realizan sueltas de enemigos naturales, concretamente Amblyseius swirskii y Nesidiocoris tenuis.

Otras plagas que pueden afectar a la berenjena son araña roja (Tetranychus urticae), pulgón (Aphis gossypii y Myzus persicae), minador (Liriomyza trifolii), orugas (Spodoptera exigua, Helicoverpa armígera) y nematodos.

Entre las principales enfermedades que afectan a la berenjena podemos encontrar, Botrytis (Botrytis cinerea), Alternaria (Alternaria solani), Oidio o “ceniza” (Sphaeroteca sp.), Cercospora (Cercospora melongenae) y Verticilosis (Verticilium albo-atrum).

En cuanto a la recolección de los frutos, hay que decir que estos se van a cosechar en diferentes estados de desarrollo. 

Dependiendo del cultivar y de la temperatura, el periodo desde floración a cosecha puede ser de 10 a 40 días.

La recolección se realiza cuando el fruto aún no ha alcanzado la madurez fisiológica, ya que la presencia de semillas en los frutos amarga el paladar.

Normalmente el tiempo que media entre dos recogidas consecutivas es de 5 a 10 días, dependiendo de las condiciones ambientales.

En referencia al corte de los frutos debemos tener en cuenta que estos se deben cortar  por la mañana, a ser posible, exento de humedad, respetando el plazo de seguridad de las materias activas empleadas,  empleando siempre tijeras de podar para no causar desgarros, dejando al menos un centímetro de pedúnculo y cuidando la manipulación del fruto para que no sufra golpes ni magulladuras, colocándolo directamente en la caja de campo que previamente estará protegida con una bolsa de plástico.
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