Manual del cultivo del calabacín. 1ª parte



El calabacín (calabacino, calabacita, zapallito) es una hortaliza perteneciente a la familia de las cucurbitáceas, cuyo nombre científico es Cucúrbita pepo.

Es una planta herbácea anual, de vegetación compacta y de crecimiento indeterminado.

El sistema radicular del calabacín (calabacino, calabacita, zapallito) está constituido por una raíz principal, que alcanza un gran desarrollo en relación con las raíces secundarias, las cuales se extienden superficialmente. Pueden aparecer raíces adventicias en los entrenudos de los tallos cuando se ponen en contacto con tierra húmeda.

El calabacín (calabacino, calabacita, zapallito) posee un tallo principal sobre el que se desarrollan tallos secundarios que llegan a atrofiarse si no se realiza una poda para que ramifique a dos o más brazos.

Presenta un crecimiento en forma sinuosa, pudiendo alcanzar un metro o más de longitud, dependiendo de la variedad comercial. Es cilíndrico, grueso, de superficie pelosa y áspero al tacto. Posee entrenudos cortos, de los que parten las hojas, flores, frutos y numerosos zarcillos. Estos últimos son delgados, de 10-20 centímetros de longitud y nacen junto al pedúnculo del fruto.

Las hojas son palmeadas y están sostenidas por pecíolos fuertes y alargados que parten directamente del tallo, alternándose de forma helicoidal. El limbo de la hoja es grande, presentando un haz glabro y un envés áspero y cubierto de fuertes pelillos cortos y puntiagudos a lo largo de las nerviaciones.

Los nervios principales parten de la base de la hoja y se dirigen a cada lóbulo subdividiéndose hacia los extremos. El color de las hojas oscila entre el verde claro y oscuro, dependiendo de la variedad, presentando en ocasiones pequeñas manchas blanquecinas.

Las flores son grandes, solitarias, axilares, de color amarillo y acampanadas. Pueden ser masculinas o femeninas, coexistiendo los dos sexos en una misma planta monoica pero en distintas flores.

El cáliz consta de 5 sépalos verdes y puntiagudos. La corola está constituida por cinco pétalos de color amarillo. 

La flor femenina se une al tallo por un corto y grueso pedúnculo de sección irregular pentagonal o hexagonal, mientras que en las flores masculinas (de mayor tamaño) dicho pedúnculo puede alcanzar una longitud de hasta 40 centímetros.

El ovario de las flores femeninas es ínfero, tricarpelar, trilocular y alargado. Los estilos, en número de tres, están soldados en su base y son libres a la altura de su inserción con el estigma, este último dividido en 2 partes. Las flores masculinas poseen tres estambres soldados.

El fruto es un pepónide carnoso, unilocular, sin cavidad central, de color variable, pudiendo ser liso, estriado, reticulado, etc.

Las semillas son de color blanco-amarillento, ovales, alargadas, puntiagudas, lisas, con un surco longitudinal paralelo al borde exterior, longitud de 1,5 centímetros, anchura de 0,6-0,7 centímetros y grosor de 0,1-0,2 centímetros.

En referencia a la temperatura hay que decir que el calabacín (calabacino, calabacita, zapallito)  no es muy exigente, siendo menos exigente que el melón, el pepino (cohombro, alpicoz, alficoz) y la sandia (melón de agua, patilla, albatheca, cidra, cayote).

La temperatura óptima para el desarrollo vegetativo oscila entre los 25˚ y 30 ˚C. Por encima de 35˚C se produce una gran transpiración, ocasionando daños a las plantas por deshidratación, sobre todo en las primeras fases de crecimiento, incrementándose el daño con humedad relativa baja, inferior al 70%.

Durante la floración, la temperatura óptima oscila entre los 20˚ durante la noche y los 25˚ durante el día. Por debajo de 10˚, se produce caída de flores y deformación de frutos.

La humedad relativa óptima del aire en invernadero oscila entre el 65% y el 80%. Humedades relativas muy elevadas favorecen el desarrollo de enfermedades aéreas y dificultan la fecundación.

La gran masa foliar de la planta y el elevado contenido en agua del fruto (alrededor de 95%), indican que se trata de un cultivo exigente en agua, por lo que el rendimiento dependerá en gran medida de la disponibilidad de agua en el terreno. No obstante, los excesos de humedad en el suelo impiden la germinación y pueden ocasionar asfixia radicular, 

Por otro lado, una escasa humedad puede provocar la deshidratación de los tejidos, la reducción del desarrollo vegetativo, una deficiente fecundación por caída de flores, redundando en una disminución de la producción y un retraso del crecimiento.

En cuanto a la luminosidad, hay que decir que para el calabacín (calabacino, calabacita, zapallito) no tiene excesiva repercusión la duración del día, no existiendo en general problemas de floración, por lo que el cultivo en invernadero puede realizarse en cualquier época del año. No obstante, la luz favorece la fotosíntesis e interviene, además, en la maduración de los frutos y en su precocidad.

En referencia al suelo, el calabacín (calabacino, calabacita, zapallito) también es poco exigente, adaptándose con facilidad a todo tipo de suelos, aunque prefiere aquellos de textura franca, profundos y bien drenados.

Sin embargo, se trata de una planta muy exigente en materia orgánica.

Los valores de pH óptimos oscilan entre 5,6 y 6,8 (suelos ligeramente ácidos), aunque puede adaptarse a terrenos con valores de pH entre 5 y 7. A pH básico pueden aparecer síntomas carenciales.

Es una especie medianamente tolerante a la salinidad del suelo y del agua de riego, (menos que el melón y la sandía y más que el pepino).

Se trata de una planta muy exigente en cuanto a la humedad del suelo, requiriendo riegos frecuentes, aunque en suelos arcillosos el exceso de humedad suele ocasionar problemas en las raíces.


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