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Manual del cultivo del tomate. 2ª parte

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A los 15 ó 20 días del trasplante, con la aparición de los primeros tallos laterales, tiene lugar la poda de formación, que consiste en eliminar algunos de esos tallos, al igual que las hojas más viejas, mejorando así la aireación de la planta.
 Se denomina poda de formación porque en este momento es cuando se determina el número de brazos que se van a dejar a la planta, siendo frecuentes las podas a 1 ó 2 brazos, aunque en tomate (jitomate) Cherry suelen dejarse 3 y hasta 4 brazos. 

En la poda a un brazo, se eliminan todos los brotes axilares del tallo principal, permitiendo el crecimiento de éste hasta su despunte. En la poda a dos brazos, se deja crecer uno de los brotes axilares a partir de la segunda o tercera hoja tras la primera inflorescencia, disponiendo con ello de dos tallos guía, el principal y el secundario, nacido del brote axilar. 

El “entutorado” es una práctica imprescindible para mantener la planta erguida y evitar que las hojas y sobre todo los frutos toquen el suelo, mejorando así la aireación general de la planta y favoreciendo el aprovechamiento de la radiación y la realización de las labores culturales (destallado, recolección, etc.). Todo ello repercutirá en la producción final, calidad del fruto y control de enfermedades. La sujeción suele realizarse con hilo de polipropileno (rafia) que se une por un extremo a la zona basal de la planta mediante liado, anudado o sujeto mediante anillas y por el otro extremo a un alambre situado a determinada altura por encima de la planta (1,8-3,4 m sobre el suelo).

Conforme la planta va creciendo se va liando o sujetando al hilo tutor mediante anillas, hasta que la planta alcance el alambre. A partir de este momento existen tres opciones: bajar la planta descolgando el hilo,  dejar que la planta crezca cayendo por propia gravedad o dejar que la planta vaya creciendo horizontalmente sobre los alambres del emparrillado.

Aproximadamente a los 30 días del trasplante, da inicio la floración. El primer ramillete floral se desarrolla en las axilas de las hojas cuando la planta tiene 3 hojas verdaderas, el resto de las inflorescencias se sucederán cada 2 ó 3 hojas.

Otra labor importante es el destallado, en general, en épocas de calor se lleva acabo semanalmente  y en periodo fríos cada 10 ó 15 días, eliminando los brotes axilares, para mejorar el desarrollo del tallo principal. Los cortes deben ser limpios para evitar la posible entrada de enfermedades y en épocas de riesgo es aconsejable realizar un tratamiento fitosanitario con algún fungicida-bactericida cicatrizante.

Esta labor es imprescindible en el cultivo del tomate (jitomate), ya que los brotes axilares al inicio de su crecimiento (como cualquier órgano joven), son sumideros de fotoasimilados. Cuando se reduce la frecuencia de esta labor, los brotes axilares se hacen más grandes, convirtiéndose en competidores más fuertes de fotoasimilados con los frutos, por tanto no es aconsejable descuidar esta labor.

Cuando existe polen viable, si las condiciones climáticas permiten su dispersión y germinación, la agitación de las flores, o la pulverización de agua en gotitas microscópicas sobre la flor han dado buenos resultados para mejorar el cuajado.

En los últimos años, la utilización de abejorros (Bombus terrestris) para la polinización de tomate (jitomate) (y otras especies como melón, sandía (melón de agua, patilla, paitilla, water melon, anguria, cocomero, albatheca, albudeca, cidra, cayote.)etc.) está resultando muy eficaz, especialmente en invernadero, por ser activos a temperaturas bajas (menores que las que requiere la abeja común. Temperaturas entre 15 y 28 ˚C y una buena ventilación del invernadero son las condiciones idóneas para el trabajo de los mismos),  y por reconocer las flores polinizadas. En invernaderos del sureste español, el empleo de abejorros y la aplicación de aire están desplazando a las restantes técnicas  de polinización, como por ejemplo la utilización de fitorreguladores.

Aproximadamente al mes y medio del trasplante, comienza a desarrollarse el ovario, transformándose en fruto. A partir de este momento y conforme avanza el cultivo, las necesidades de agua de la planta aumentan y el riego debe ajustarse a la demanda según la evapotranspiración. Con los frutos engrosando, no debe haber altibajos en la humedad, pues el crecimiento sufrirá estas mismas variaciones y aparecerán frutos agrietados y con necrosis apical. Si la aportación de agua en esta fase es escasa, los frutos madurarán prematuramente, sin alcanzar el tamaño adecuado. En los enarenados almerienses por ejemplo, la frecuencia de riego para un cultivo ya establecido es de 2 ó 3 veces por semana en invierno, aumentando entre 4 y 7 veces por semana en primavera-verano, con caudales de 2 ó 3 litros por planta.

El periodo de crecimiento del fruto, desde la floración a maduración, dependerá de las condiciones de cultivo, oscilando generalmente entre unos 45 y 60 días. En condiciones normales, los tallos principales se despuntan cuando la planta tiene entre 6 y 10 ramos, con esta operación se consigue un aumento del tamaño del fruto y una mayor precocidad.

Con objeto de facilitar la aireación y mejorar la maduración de los frutos, se realiza la labor de deshojado, eliminando tanto las hojas viejas, como la hojas enfermas, las cuales deben sacarse inmediatamente del invernadero, para eliminar cualquier fuente de inóculo. Esta labor debe realizarse teniendo presente que durante la floración, el suministro de fotoasimilados a la inflorescencia provienen fundamentalmente de las 2 hojas situadas por debajo de ella y en la fructificación el suministro de fotoasimilados  al racimo proviene fundamentalmente de las 2 hojas inferiores y de la inmediatamente superior a él.

Con la introducción del tomate (jitomate) en ramo, el despunte de inflorescencias y el aclareo de frutos adquirieron importancia, realizándose con el fin de homogeneizar y aumentar el tamaño de los, mejorando su calidad.

En cuanto a la nutrición, la importancia de la relación N/K varía a lo largo del ciclo de cultivo, siendo de 1/1 desde el trasplante hasta la floración y de 1/2 o incluso 1/3 durante el período de recolección. El fósforo juega un papel relevante durante las etapas de enraizamiento y floración, ya que es determinante sobre la formación de raíces, el tamaño de las flores y la regulación del pH. Otro elemento fundamental en la nutrición del tomate (jitomate) es el calcio, que permite evitar la necrosis apical o peseta (blossom end rot).

Entre los microelementos de mayor importancia en la nutrición del tomate (jitomate) está el hierro, que juega un papel primordial en la coloración de los frutos, y en menor medida en cuanto a su empleo, se sitúan manganeso, zinc, boro y molibdeno.  

La recolección del fruto se efectúa en distintos grados de maduración según el mercado al que se destina. Temperaturas de 21 a 28 ˚C son las óptimas para una buena coloración. Conviene recolectar en las primeras horas de la mañana y, a continuación si es posible, refrigerar el fruto. El ritmo de recolección puede llegar hasta 3 veces por semana, aunque en casos extremos puede ser conveniente recolectar diariamente.


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